Soporté con estoicismo
ser cejijunto y que me llamaran junta letras, no hice aspaviento alguno por
salir hetero y no estéreo, pero lo que no doy superado es salir al balcón y ver
al “hombriño” de enfrente ocupado todo el día.
¡Qué tío, ¡no para! Ya
sé en quien se inspiraron los que hicieron aquél famoso anuncio de pilas: “y sigue, y sigue…”. En el “hombriño”.
Os lo prometo, si en
vez de hetero fuera estéreo me habría gustado gozar de un “hombriño” así en mi
vida. Con alguien que se pasa el día “fuchicando”: que si pitando una ventana, que
si arreglando la puerta de su casa, lavando el coche…. En definitiva, reparando
o limpiando cosas. Lo que me lleva a pensar en lo mucho que se le estropean al “hombriño”
las cosas y lo muchísimo que disfruta reparándolas. A veces incluso, malévolo
yo, me pregunto si no las estropeará el muy cabrón a propósito.
Y me da envidia. Lo
confirmo. Aunque, no os preocupéis, enseguida se me pasa. Primero porque yo
la envidia la practico más bien poco. No
cunde, a menudo no se está bien informado sobre a quién exactamente convendría
envidiar y tal problema puede suscitar otros más graves. Así que, mejor no. Que
envidien los demás. Soy demasiado flojo para perder el tiempo envidiando
estupideces ajenas. Pese a todo, tengo que reconocer que hay días en los que
envidio furibundamente al “hombriño”.
Concretamente, al de la
acera de enfrente. Y, concretando más, al vecino que vive en otro municipio —la
acera de enfrente es otro municipio— en un chalet adosado por ambas las partes
y al que no es trabajador, es lo siguiente, un jubilado trabajador. O sea, casi
como yo, pero en mejor, que yo no doy salido de medio pensionista.
El “hombriño” no para desde
que se levanta hasta que se acuesta y reza cuatro esquinitas tiene mi cama.
Siempre está tramando algo, con algún instrumento de pensar en la mano: que si
un alicate, un martillo, un destornillador…, y siempre esbozando media sonrisa
a modo de saludo. Porque sí, el “hombriño” también economiza en palabras
ocupado como está haciendo cosas de “hombriño” todo el día.
Y por último, sólo me
resta informaros de otra evidencia. En Galicia, básicamente, existen dos tipos de
hombres: los “hombriños” y los que envidiamos a los “hombriños”.
Por tanto, no os toméis nada
a pecho, que no conviene exagerar, no os olvidéis que lo importante en esta vida es tener salud
y no llevar un golpe.

No hay comentarios:
Publicar un comentario