Pues nada, que no lo
encuentro, y volar no vuela, ni camina, ni piernas o patas tiene; así que, ¿dónde
está?, porque en algún lado, obvio es, tiene que estar. Después de un rato, de
revolver todo lo que revuelto puede ser, me acordé. De ella, de la que espero
que en paz esté, o sea, de la que fue mi suegra, y de que a ella lo mismo le
ocurría. Más a menudo, eso sí. Y miré y revolví y encontré, claro es. Allí
estaba, dónde no debía, el dichoso cuchillo patatero. Casi al fondo de la bolsa.
De la basura hablo, que de mí memoria mejor ni hablar. Y me puse triste. Dos minutos
creo que duró el episodio; de la tristeza hablo, por supuesto, que lo del
cuchillo algo más sí que duró.
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martes, 25 de agosto de 2020
Bonjour tristesse.
miércoles, 12 de agosto de 2020
Mentiras piadosas.
Últimamente empiezo a
ojear El País casi por el final. Dicha patología lleva ocurriéndome por lo
menos tres semanas. Cursa tal que así. Primero la curiosidad, ¿lo habrán vuelto
a hacer? ¿Conocerá ésta gente la vergüenza? Una vez muerto el gato (¿la
curiosidad no mató al gato?), compruebo dos cosas: que lo han vuelto a hacer y
que, efectivamente, son unos desvergonzados; y claro, paso a la segunda cosa
que me ocurre: al estupor; que si no doy crédito, que si hay que ver… O sea,
estupor. Estupor ante lo que me gusta perder el tiempo hablando como si a
alguien le interesara lo que digo, como si fuera yo el que decidiera lo que se
cuelga y lo se deja de colgar en tan afamada plataforma como viene siendo El
País; claro, para cuando llego al final de la diatriba, y ya he aceptado lo
inaceptable y he decido seguir con el ojeo de esa perdiz llamada periódico,
acabo alegrándome por el dicente de tan cacareada frase. Manuel Jabois, culpa
tendrá el pobre rapaz. Me refiero a esa frase que llevan los de su club de fans
colgando desde hace por lo menos tres semanas y que al parecer debió decir el
menda un día que se puso lerenda: “Ante
el folio en blanco encuentro algo parecido a la felicidad”. Reitero del
verbo reiterar, tres semanas de matraca llevan. Colgada tienen la frase cual
jamón fuera. Y hasta ahí voy cada mañana, a verla, en peregrinación. Quiero
asistir al milagro de la curación de la frase-jamón.
Persistí hasta que me
acordé del otro, de su fina ironía y del
humor que se gastaba y de cómo se tomaba la vida y la profesión. Otro paisano
fue aquél y de los grandes además; maestro de muchos y sibarita del todo. Y
disculpé las dos mentiras que obvias son: felicidad
y folio, considerando que andará
promocionando algún quehacer o quizá siendo víctima de sus propios promotores.
Borrón y cuenta nueva, pues; al fin y al cabo, el creador de la mentira bífida,
también fue prologuista de nuestro común paisano y escribiente celebrado en
aquel libro que por ilustrativo título lleva Mis páginas mejores. De Julio Camba hablo; y como entre paisanos
andamos, el bífido elocuente, don Julio y éste humilde servidor, o sea yo,
pelillos sean a la mar.
De todas formas, en
desagravio de parida tan parida y quedando a la espera de remedio que alivie
patología tan pertinaz como es el ojeo de periódico (periódico en gallego se
dice “Mentireiro” según mi antes
estilista, el señor Rumbo), opté por la sonrisa:
“DENTRO
DE TRES MIL seiscientos setenta y siete años, un hombre se dirigirá a los otros
con estas palabras terribles:
—
Señores,
se acabó el carbón.
Y el auditorio,
entonces, se quedará helado” (Julio Camba).
Pues eso, que acabó el
carbón (¡dónde va!) y empezó la promoción.
Abono para iluminados.
Si bien poco, o más
bien nada esperaba de los políticos del PP (los olmos nunca dieron peras), sí
que esperaba algo del PSOE. Sin embargo, mis esperanzas fueron pagadas por las
mentiras de los primeros y por el cinismo de los segundos.
Y digo mentiras en el
caso del PP, porque ésta gente no sólo es capaz de defender lo imposible (siempre
que de pleito rico se trate, por supuesto), sino que incluso son capaces de
llegar al extremo de negar la evidencia. Y claro, así no se puede. No hay
manera.
Por su parte, los
cínicos del PSOE (y conste que me refiero a sus más altos cargos), se comportan
al igual que los funambulistas. Siempre en el alambre. El caso más sangrante de
su cinismo, que no el único, es declararse partido republicano (en los estatutos
escrito lo tienen) y luego defender a la monarquía. Y así llevan 40 años.
Tocando los timbales.
Y conste que lo de la
Monarquía, en el caso del PSOE, es sólo la punta del iceberg. También podría
hablar de la opaca Ley de la Transparencia, de los sueldos aprobados en la
época de Felipe González para los ex presidentes, de la corrupción sistémica
(han tenido tanta, o más, que el PP), del
grupo paramilitar llamado Gal que montaron o administraron… En fin, que podríamos
rememorar aquí La Historia interminable, aunque en esta ocasión versión rosa
capullo.
Llevamos 40 años conviviendo
con mentirosos y cínicos. Estamos tan acostumbrados a que nos mientan que ni si
quiera nos damos cuenta de cuándo lo hacen. Tampoco nos damos cuenta, por lo
que se ve, de la tupida red que han tejido y hasta dónde han llegado.
Tan exagerada es la
cosa, que la separación de poderes se antoja una ilusión, una sombra, una
ficción; y se ve nítidamente cuando las cosas llegan ante el altísimo supremo
(que le zurzan a las mayúsculas que no se las merecen), porque nunca pasa nada;
y es que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
domingo, 9 de agosto de 2020
Palmas en Las Palmas.
Todo el mundo sabe que,
según el protocolo, si la reina de Inglaterra y yo nos encontrásemos en un
ascensor sería ella la que me tendría que ceder el paso al estar yo más
titulado que ella.
Soy príncipe de
trompicayo, duque pilonero, marqués de ofertas, conde y míster alcampo, barón
de mercadona e hidalgo majadero. Además, atendiendo a mí divisa Sobre todo educación y buenos alimentos,
ceder el paso a Sabela tan principal sería de obligado cumplimiento. Lo de la
zancadilla pudiera ser. También tengo el bachillerato, que se me olvidaba, y me
gusta el roncanrol.
Pese a títulos tan
apabullantes ni me doy ínfulas ni reclamo derecho a pernada alguna. Demasiados
desclasados hay ya poniendo guiones entre sus apellidos, haciéndose los giliguays.
Por eso no me extrañó que ayer, cuando estaba leyendo Mi familia y otros animales de Gerald Durrel, me llamase él. Lo reconocí a la primera; su voz gangosa, su campechanía y su buen humor delatan hasta al más vulgar del huido campechano. Me dijo “Vente “pa” Abu Dabi, Luis Germán”.
Y cogí y fui.
Cuando llegué a la
modesta pensión en la que se aloja, un siete estrellas de tres al cuarto y más
hortera que un programa de las Campos, me presentó a sus Corinas. Las tiene
numeradas por versículos. Según me dijo una era la encargada de las pastillas,
otra de los masajes y las demás se ocupaban de la realidad virtual. Después nos
fuimos al desierto a practicar la cetrería. Allí entre las dunas se sinceró. Me
informó de que estaba muy arrepentido, insistió en que no volvería a suceder y
me dijo que su niño, don preparadito y marido in pectore de recauchutados la
asturiana, le había obligado a escribir 100 veces Ay, qué
risa, se acabó la sisa.
Y así anda él, rumiando
penas por pensiones de mala muerte, deseoso de volver y arrodillarse en la
mezquita de Santa Sofía suplicando perdón para seguir dando por… Bueno, ya
sabéis, que éste hombre por el griego conocida es su afición.
Implora, pues, que escuche
España su aflicción y agradece que los palmeros sigan dando palmas en Las
Palmas.
jueves, 6 de agosto de 2020
Un agujero negro llamado Borbón.

Según la física las estrellas viven en base a dos razones. La primera es por las explosiones nucleares que se producen en su interior, y la segunda por la Ley de la Gravedad. Pero como la energía es limitada, y las explosiones tienden a decrecer, cuando éstas desaparecen totalmente, la estrella es poseída por la gravedad y ésta acaba succionándola hasta convertirla en un agujero negro.
Por decirlo de una forma gráfica: a la estrella le pasa lo mismo que a un globo cuando se deshincha.
Pues bien, con Emérito
ha pasado lo mismo que con muchas estrellas, ya se ha extinguido. Se ha convertido
en un agujero negro.
Conclusión: dejemos que
actúe la Ley de la Gravedad y la buena estrella de los Borbones se desinflará
al igual que lo hacen los globos.
miércoles, 5 de agosto de 2020
División de opiniones.
Mientras algunos
periodistas siguen perfeccionando el estilo palmero y practicando el estilo lamida de ojete del emérito con fruición
de pitiminí, con dinero de empresarios y banqueros, los ciudadanos estarán debidamente
desinformados, defenderán causas perdidas con afán de abogados de pleitos ricos
y negaran la evidencia hasta la extenuación.
Me temo que cualquier
día los periodistas desempolvarán el dogma de fe como verdad absoluta, y absolutamente
segura sobre la cual no cabe duda alguna, y acabaremos instalados otra vez en
el porque lo digo yo y punto. Siempre
democráticamente, claro; que Hitler ganó así las elecciones, y que España
inventó el campo de concentración allá por Cuba cuando los gallegos teníamos
categoría de esclavos.
Aún lo somos, aunque de
otra manera: unos pobres esclavos de nosotros mismos.
Sin embargo, a mí, la
historieta del real emérito me recordó una anécdota que Hemingway contó en una ocasión a John Huston:
Un
matador volvía a su hotel después de una tarde desastrosa. Le habían arrojado
todas las almohadillas y botellas de la plaza. Al llegar al hotel con su
picador, el director le preguntó “¿Qué tal fue la corrida?”. El matador respondió:
“Hubo división de opiniones”. El picador dijo: “Sí, hubo división de opiniones.
Unos querían cagarse en su padre y otros querían cagarse en su madre”.
Pues eso, que la
serpiente de verano está servida. Y que conste que yo no soy antimonárquico,
que no soy anti nada, soy republicano y la cosa es bien distinta.
domingo, 2 de agosto de 2020
Fondo de reptiles.
Si dijera que el tan
cacareado periodismo de investigación no existe la mayoría de vosotros me
acusaría de mentiroso, de conspiranoico o de sabe Dios qué. Sin embargo, me
ratifico en lo escrito: el periodismo de investigación no existe.
Veréis, la cosa
funciona tal que así:
A la redacción de un
periódico llega una información que dice Fulanito de Tal es un mangante. A
partir de ahí, el periódico hace gestiones, que no investigaciones, ¿quién es
Fulanito de Tal, a qué dedica su tiempo libre, es un ladrón? Sabidas esas cosas
y demás demases, si es que ya no las sabían antes, el periódico, o sea, los
mandamases, tiran para adelante que son de Alicante, o echan el freno
Magdaleno. Porque, claro, si Fulano de Tal es uno de los nuestros, nos paga y
mantiene, qué vamos a investigar.
Pero, puede ser peor.
Si Fulano de Tal es alguien “protegido”, obligatorio es callar. Actúan sólo si
Fulano de Tal es un desgraciado caído en desgracia, si hay plácet o si no queda
otro remedio. En todo caso, actúan siempre por el bien mayor (el de ellos) y
siempre para protegerse.
Entonces, es cuando
sale un tipo apellidado Peñafiel, un viejo botarate, y dice lo obvio: los
árabes cuando dan dinero lo hacen siempre como donación. Son empresarios
españoles los que están detrás de las presuntas comisiones cobradas por
emérito, el Fulano de Tal de este momento.
El viejo botarate se
refiere a los Villar Mir, a los Albertos… Se refiere a los de siempre.
Pero, ¿de dónde sale
entonces el chivatazo sobre tan emérito Fulano de Tal?
Veréis, amiguitos,
según cuenta en su libro El Director, David Jiménez, ex director del periódico
El Mundo, los chivatazos siempre proceden del mismo sitio: de las cloacas del
Estado. Ese es el periodismo de investigación. ¿Y quiénes son las cloacas?
Pues, depende: puede ser algún cuerpo de seguridad, policía, guardia civil…, o
puede ser algo más complicado y farragoso. Más difícil de entender, porque
entender el por qué un cuerpo de
información del Estado practica
la desinformación es tarea que se escapa a mí magín.
Así que, creed en lo
que os dé la gana, que el catálogo es amplio, pero que sepáis que eso del periodismo
de investigación no es otra cosa que el cuento de la buena pipa del periodismo.





